Los que no pueden ir al colegio
Esther trata de concentrarse en los libros, cruza miradas de complicidad con su maestra voluntaria y con su madre, dos de las pocas personas con las que este año ha tenido relación, y, ante la perspectiva de contar su historia, intenta controlar su nerviosismo. Tiene 12 años y no quiere llamar la atención; a esa edad, dicen Esther Florido, su madre, y Rosa Sáenz, su profesora, los niños evitan destacar por miedo a la vergüenza.
En octubre pasado, Esther sufrió un accidente mientras jugaba con un compañero. Se rompió el fémur y la membrana de éste desde la rodilla a la ingle y tuvo sucesivas hemorragias internas que provocaron su retiro de las clases y de todo lo que supusiera moverse o rozarse con cualquier objeto. Desde entonces, sólo en el último mes ha podido salir de casa para acudir, por fin, a rehabilitación. Durante meses tuvo la pierna herida completamente escayolada y apenas pudo moverse del sofá.
1 comment Junio 11, 2008